miércoles, 17 de enero de 2007

Un dealer colombiano en Inglaterra

“Tengo miedo, la calle de Bayswater, punto de llegada de la cocaína, no me gusta. Son las 5 de la mañana y espero en la estación de bus Inverness terrace del centro de Londres desde donde observo la casa donde llegará mi pedido. Anoche, el contacto me confirmó que la salida de las tres cartas de Colombia a Londres era un hecho. Es una de las entradas más grandes que realizaré. Son por lo menos 25 gramos de cocaína por carta. A la llegada del cartero, esperaré 15 minutos y las recogeré. Pero, suena el celular, es la voz de Alfonso, mi compañero peruano en el negocio, quien confirma que la vuelta se cayó. Cogieron las cartas.”

En el 2004, un informe de la INTERPOL, que salio a la luz publica en el año 2005 por parte de su departamento “Drugs and organized crime”, mostró al mundo la disminución del tráfico de drogas desde los países latinoamericanos, especialmente Colombia, Perú y Bolivia. Pero la preocupación por este problema sigue, ya que los cultivos se han incrementado en un 35 por ciento respecto a los años anteriores. En Colombia, pequeños traficantes que no registran las estadísticas, continúan pasando droga de una forma poco convencional.

Este es el caso de Juan Angarita (‘Jota’), estudiante de publicidad en una universidad privada de Bogotá. ‘Jota’ vio una inmejorable oportunidad de perfeccionar su inglés en un intercambio que le ofrecía su universidad en Londres. Con la ayuda de sus padres viajó. En Colombia, Jota era consumidor ocasional de marihuana y cocaína y en el intento de conseguir estas drogas en Londres, terminó siendo uno de los ‘dealers’ (distribuidores) más reconocidos en su sector.

Jota comenzó el negocio con Alfonso, el peruano, su ‘dealer’ de confianza, quien le vendía la droga antes de ser su compañero en el negocio. Además era uno de sus compañeros de estudio. “La sangre latinoamericana tira”, dice ‘Jota’ para explicar por qué decidió asociarse con el peruano.

Su primer contacto con el tráfico de drogas fue cuando recibió, en una casa abandonada de Londres, una carta que contenía 10 gramos de cocaína colombiana. Después de pasar esta prueba, Jota comenzó con la distribución del alcaloide en bares y en el mismo centro de estudios. En poco tiempo pasó a ser socio de Alfonso y cabecilla de la red de entrega a pequeños ‘dealers’ del sector.

Ellos repartían alrededor de 40 gramos a la semana. Cada gramo cocaína pura en Colombia costaba, en el 2004, 5 mil pesos. En Londres este mismo gramo costaba 80 Libras esterlinas, un equivalente de 320.000 pesos colombianos.

‘Jota’ afirma que en la semana quedaban libres un promedio de 3.200 Libras esterlinas, pues no siempre vendían la totalidad de la droga. Para ellos, en el negocio, existía el trueque. Cambiaban la cocaína por otras drogas para sus rumbas o para sus amigos del momento.

El negocio, en esencia, es sencillo, cuenta ‘Jota’. En Colombia, un contacto compraba la cocaína pura en Bogotá. Éste distribuía la droga en tres cartas. Cada carta contenía de 10 a 15 Gramos de cocaína pura, la cual iba en el medio de dos postales selladas con cinta de alcohol para evitar ser detectada por los perros de La Policía. Él las mandaba al sitio que Jota o Alfonso le indicaran.

La tarea de Jota era inspeccionar en la ciudad casas o construcciones abandonadas para que fueran el punto de llegada. Mandaban las cartas a tres casas diferentes y entre ellos dos recogían la mercancía. Esta operación se hacia cada semana, muchas veces y según la demanda de la cocaína, mandaban 4 ó 5 cartas hacia Londres.

Jota afirma que es un negocio muy rentable para un estudiante en Londres, pero no se compara con los grandes carteles de tráfico de Colombia, Perú y Bolivia. Según la Dirección de Antinarcóticos, Colombia exportó 50 toneladas de cocaína en el 2004. De estas el 25 por ciento tenía como destino Europa Occidental.

“Yo no hacia este negocio por necesidad sino por solo gusto, por el hecho de sentir el miedo de ser atrapado y por tener facilidad en grandes rumbas que se organizaban en Londres de solo gente pesada en el negocio. Estas rumbas no era más que música electrónica, una barra llena de éxtasis, ácidos y agua.”

Pero ‘Jota’acentuó su vicio por las drogas. Las mujeres y la vida nocturna entraron forma parte de sus otras adicciones.

La vida de ‘Dealer’ de Jota tuvo un final trágico que marcó su salida del negocio. Un mes antes de regresar a Colombia y terminar su intercambio, Alfonso murió. Fue en enero del 2005, Alfonso tenía que hacer un contacto con un dealer de Newcastle. Jota afirma que salio de la residencia estudiantil y no volvió, después recibió la noticia de la muerte de Alfonso. Un compañero francés quien les había planteado el negocio, le confirmó a Jota que a Alfonso lo mataron por intentar engañar al Dealer, intento pasarle droga mezclada con Neocaína. Pues ellos mezclaban la cocaína pura de Colombia con este medicamento para rendirla.

Pero lo que Jota no supo es que su adicción a las drogas incremento y la rumba seguía. Toda su ganancia se fue en tres semanas de rumba sin parar. Le dio la despedida a su amigo y socio metido día y noche en el éxtasis y los ácidos. Luego volvió a Colombia a continuar sus estudios. Pero su adicción fue lo único que quedo de esta aventura.

Jota dejo el estudio, no ha podido salir de sus adicciones. Pero afirma que lo volvería hacer. “Lo que me falta es un buen contacto como Alfonso”, esto lo dice mientras arma una línea de Cocaína.

No hay comentarios: